Un apartamento milanés puede cambiar de aspecto con un nuevo diseño de interiores, pero conserva los elementos decorativos originales. Vivir en un edificio histórico es como poseer un pedazo de la historia de la ciudad y disfrutar de una arquitectura atemporal. Esta fue la decisión de una joven pareja que compró un apartamento en un barrio de Milán con edificios históricos de los años treinta.
Las obras afectaron a toda la casa y supusieron un importante cambio en la distribución de las habitaciones. Durante la reforma, se derribaron la mayoría de los tabiques existentes para ampliar la zona de estar y crear una habitación única. La distribución de la zona de noche también se hizo más funcional para crear espacios más lineales y geométricos, y sobre todo para ampliar los dos cuartos de baño.
Este proyecto puede resumirse como una interpretación más fresca y contemporánea del ambiente de los años treinta, que puede apreciarse en algunas huellas muy claras recuperadas en el interior del apartamento. Los cuartos de baño (uno para él y otro para ella) representan las dos caras de un estilo retro: uno más clásico para ella y otro más industrial para él. La zona de estar es amplia y combina la cocina, el comedor y el salón, con una luz y unos colores que hacen que el espacio sea muy fresco y acogedor.